Nunca me ha gustado la lluvia, ni el frío, ni la ropa espesa, ni los cambios de temperatura al entrar en un bar, ni pasear con 5 kilos encima de los que ya soporta mi cuerpo. Sin embargo hoy la lluvia me ha traído aire nuevo, limpio y renovador. He mirado por la ventana y la calle estaba vacía, en un estado de paz que no es habitual en esta ciudad de gritos y humos devastadores. La lluvia me trae recuerdos, buenos y malos, pero yo los decoro a mi gusto mientras bebo una taza de té caliente. Cierro la ventana, vuelvo al calor artificial del hogar y olvido la lluvia durante unas horas, hasta que necesite otro chapuzón de optimismo y sosiego.

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