Son las 4 de la mañana y aún no me he dormido. No tengo sueño, ni hambre, ni sed. No siento ni padezco. Sentada en mi cama con las manos deslizándose sobre las suaves teclas de mi ordenador, como si estuviese tocando la más bonita y sentida de las melodías en mi piano, cierro los ojos y mi imaginación me lleva lejos, a un lugar que ni siquiera conozco y que me gustaría visitar. Una luz se enciende, el vecino no se puede dormir. Es curioso lo mal que se llevan el sueño y la temperatura veraniega de Madrid. Miro escondida por la ventana: todo en calma, a oscuras, las únicas luces que alegran esta bella y sombría imagen nocturna son la de mi pantalla y la del vecino, compañero de insomnio en esta triste noche, una más de tantas. No puedo dormirme, aunque la verdad, ni siquiera lo he intentado. Me gustan estos momentos de soledad, es cuando realmente me siento libre. Puedo pensar en todo e incluso me puedo permitir la licencia de no pensar. Pasan los días pero no avanzo, algo no me deja moverme de aquí, de estas cuatro paredes que tanto saben y tanto callan. Lloro. No puedo evitar echarte de menos, pensar en ti, volar hacia tu ventana y llamarte. Pero está cerrada, tú duermes y yo, mientras, me desvelo…
Hay muchas cosas que me gustaría decirte ahora que no te tengo delante y que la valentía alcanza unos niveles sobrehumanos. Creo que hasta este momento nunca te había descrito mi forma de quererte. Es algo extraño, de repente un día te despiertas después de una noche de locura juvenil y te encuentras a una persona conocida y a la vez tan extraña durmiendo a tu lado. Te preguntas cómo ha llegado hasta allí, quién te lo ha enviado, incluso si es real. Extrañado y víctima aún de los efectos del sueño me devuelves la mirada. Tu sonrisa lo dice todo, al menos eso sentí. Entonces empecé a quererte, no como un amigo, ni como una tonta ilusión, sabía que era de verdad, que realmente esa persona había entrado en mi vida y de alguna forma se había asentado en ella, sin quererlo, sin planes, sin premeditación. He pasado tantas noches mirándote que podría adivinar tus sueños, qué hay dentro de esa cabeza tan compleja…¿quizás yo?
El vecino vuelve a dormirse, soy la única loca despierta en esta noche tan bonita, sólo me acompañas tú, pero aún así me siento sola.
Sonrío. He recordado un feliz momento contigo, de esos que abundan tanto y que tú a veces te empeñas en olvidar.
No puedo evitar quererte, adorarte, sentirte…no puedo evitar sentirme tuya. Hoy te he sentido tan lejos…
Empieza a amanecer, el mundo despierta y yo debo dormir, o intentarlo. No coincidimos, pero no me importa, he dicho todo lo que tenía que decir, al menos por hoy. Ha sido una bonita noche, ojalá la hubiese compartido contigo. La soledad me engulle, pero se sobrelleva si tengo en qué pensar. Juré no pensar en nada esta noche, pero no pude hacerlo. He estado pensando mucho, he estado pensando en ti…

sigue poniendo en palabra escrita, todo aquello que yo también siento...
ResponderEliminar